lunes, 10 de junio de 2013

HUME Y SU CRISIS ESCÉPTICA

HUME Y SU CRISIS ESCÉPTICA

Dado que Hume se confiesa escéptico, especialmente en la versión
pirrónica del escepticismo, a fin de aclarar el escepticismo humeano,
Olaso procede a examinar o recuperar la doctrina pirrónica a través de
Sexto Empírico, para después cotejarla con la interpretación que de ella hace Hume.
De la consideración del pirronismo antiguo, Olaso entresaca las etapas
de la experiencia pirrónica: isosthéneia, epojé y ataraxia, El pirrónico
entra en crisis al captar que es imposible optar entre varias opiniones
acerca del mismo asunto; todas ellas guardan entre sí una equivalencia o
equipolencia [isosthéneia] en el sentido de que no encuentra un criterio
para preferir racionalmente una a otra. No hay actitud judicativa, se suspende
el juicio (escepticismo maduro), y no sólo se está judicativamente
indeciso (escepticismo inmaduro). La actitud no judicativa o la suspensión
del juicio (epojé) se refiere al mundo de las opiniones especulativas,
que introducen perturbaciones superfluas; pero no se refiere al mundo
de las presentaciones, que afectan ineludiblemente: son perturbaciones
inevitables. De la suspensión del juicio surge, así, una tranquilidad (atarax
ia} con respecto a lo opinable, y conduce a una moderación [metreopatía)
con respecto a lo inevitable. Este escepticismo -el pirrónico- es
distinto del académico, que no renuncia a la probabilidad.
Pues bien, Hume -por su ambigua noción de "juicio "- da una interpretación
falsa del pirronismo (como postura cognitivista, siendo que
no lo es) y llega a una postulación de los requisitos del asentimiento o
juicio que resulta inadecuada a su pretensión de escepticismo. No comprende
la suspensión del juicio y por ello postula algunos criterios de
verdad y falsedad: los razonamientos probables y las reglas complementarias.
Y esto no es un escepticismo pirrónico, sino más bien un escepticismo
académico. Olaso prueba esto analizando el concepto de juicio
profesado por Hume y lo que se ha llamado su "crisis pirrónica", que
no llega a ser tal. Hume no busca la paz del alma por la suspensión del
juicio, sino prescindir de la metafísica (pero no de la filosofía) y estructurar
un conocimiento probable y riguroso.
Hume no distingue categorialmente dogmatismo y escepticismo, ni
diversos tipos de escepticismos como el pirrónico y el académico, sino
que les adjudica sólo diferencias de grado. Según esto, se puede adoptar
cada uno de ellos en dosis razonables, y, así, propone un modelo de escepticismo
mitigado como actitud filosófica correcta. ülaso critica este
supuesto y este modelo.

Primeramente hace ver la diferencia categorial entre estas posturas.

Principalmente entre el pirronismo y el academicismo. Así, obtenemos que: 

(i) El pirrónico no afirma ni niega, ni siquiera probabilísticamente;
en cambio, el académico afirma la probabilidad y distingue grados de
certerza.
(ii) El pirrónico no duda (sólo duda cuando es un escéptico inmaduro,
después la duda es sustituida por la suspensión o epojé, la cual
no es duda); en cambio, el académico duda, no tanto acerca de la verdad
o la falsedad de las proposiciones, como de la identificación de los
grados del conocimiento que oscilan entre lo verdadero y lo falso.
(iii) Elpirrónico no afirma la imposibilidad de conocer el mundo exterior, tal
afirmación lo haría filosofar; en cambio, el académico se preocupa por
adjudicar índices de cognoscibilidad a las cosas extramentales según criterios.
(iv) El pirrónico no es fenomenista, porque los fenómenos lo harían
cognitivista; en cambio, el académico tratará de determinar marcas
para distinguir fenómenos fantasiosos de fenómenos "reales" y proporcionará
sus juicios a esas garantías relativas.
(v) El pirrónico no es impasible: acepta las pasiones ineludibles, no las que tienen raí? en la opinión,
y trata de llevarlas con metreopatía; en cambio, el académico sostiene
que estar perturbado no es el peor de los males si hemos de enfrentarnos
a la opinión.
(vi) El pirrónico no está inactivo, lo cual le atrae muchas objeciones.
(vii) El pirrónico es un gregario apolítico; en cambio, el académico es político.
(viii) El pirrónico desconfía del lenguaje ordinario; en cambio, el academico estudia el lenguaje ordinario y hasta ambiciona aclimatar al latín los tecnicismos de la gnoseología griega.

A pesar de ello, Hume hace conmensurables el pirronismo y la filosofía
académica, añadiendo que recomienda una mezcla de ambas, i.e. un
escepticismo mitigado. Pero no son conmensurables -como suficientemente
ha mostrado Olaso-, y el escepticismo mitigado nada tiene que
ver con el pirrónico. Hume prefiere el probabilismo a la ignorancia, y su
cxigencia de fundamentos inteligibles lo aleja del pirronismo.
Además, en la sección XII de la Enquiry, Hume expone el escepticismo.
Lo llama "pirrónico", pero sólo conserva el nombre. Habla de escepticismo
antecedente y consiguiente. El antecedente es rechazado y es recomendado
un escepticismo moderado, pero que no es pirrónico sino
académico. El consiguiente puede ser superficial o profundo. En cuanto
al primero, lo ubica como sospecha de los sentidos, y no puede decirse
'1uc sea pirrónico, pues el pirrónico no cuestiona sólo los sentidos. El
profundo cuestiona las cualidades de los objetos (primarias y secundarias),
pero tampoco es pirrónico. Por tanto, la caracterización del pirronismo
ofrecida por Hume contiene yerros notables,
Acertadamente -cn vista de lo antcrior-, ülaso dice que Humc es máI bien "un típieo representante de 111filosofía académica que se adhiere a la utilización del conocimiento probable y hasta difunde los beneficios que dérivarían de una lógica de lo verosímil; auspicia la duda como compañera inseparable del conocimiento cauto; adhiere a las tesis rela-
~VaBa la inco~OIeibilidad del mundo externo; es fenomenista; acusa al
escéptico pirrónico de favorecer la impasibilidad y la mortal inacción"
(pp. 57-58).
Olaso trata de entender por qué Popkin, y antes Laird, han visto a
Hume como pirrónico. Tal parece que es el error de considerar conmensurable!
el pirronismo y el academicismo, difundido por Hume, lo que ha causado esa confusión.
En cuanto a Rousseau, Olaso hace observar que es de los pocos que
.10 ha ofrecido una versión caricaturesca del escepticismo r que además,
aunque ha ignorado las earacterfsticas auténticas de la búsqueda pirrónica,
ha sido el único en llevarla hasta su consumación en los tiempos modernos.
El escepticismo del Vicario Saboyano e! una crisis pirrónica que pretende
ser superada con medios académicos. J\. diferencia del propio
Rousseau, Olaeo dice que la primera parte de la Profession es metafísica
dialéctica o probable y no metafísica dogmática. En efecto, al Vicario le
parece que lu posturas metafísicas llevan a antinomias, y prefiere refugiarse
en IU convicción moral o de conciencia.
Los dos escepticismos del Vicario Saboyano son,por una parte, las
antinomias a las que ve que conduce su propia metafísica, y, por otra
parte, el seguimiento de la voz de la conciencia, que es el ideal del escepticismo
pirrónico. Frente a esto, Olaso se pregunta -y creo que con
mucha razón- acerca del posible influjo de ROU88eausobre Kant.
MAURICIO BEUCHOT
Renford Bambrough, Moral Scepticism and Moral Knowledge. London:
Routledge & Kegan Paul, 1979; pp. 166.
Elproblema con que se inicia este libro se puede plantear así: ¿las cualidades
morales radican en los objetos o en los sujetos (objetivismo VI.
subjetivismo)? Paralelo a este planteo está el del lugar que' ocupan la razón
y los sentimientos en la ética. Kant, él objetivista, le da a la razón un lugar
central. Hume, el subjetivista, se lo asigna a los sentimientos. El autor
quiere presentar un marco, inspirado en Aristóteles, en el cual se pre-,
serve la objetividad, concediéndole un lugar central a lae relaciones entre
las emociones y el entendimiento. Su objetivo es también mostrar que
la conciencia moral ordinaria eetá en lo cierto al considerarse a sí misma
como una conciencia de cosas que no dependen para su existencia del
hecho de ser aprehendidas, Es, dice el autor, un libro de epistemología.
El primer paso en BU tarea es refutar el escepticismo moral y defender

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