OPCIÓN 1
La filosofía de Hume
1. El origen del conocimiento y sus clases
El problema del conocimiento: racionalismo y empirismo
1.
A diferencia del racionalismo, que afirmaba que la razón era la fuente del conocimiento, el empirismo tomará la experiencia como la fuente y el límite de nuestros conocimientos. Ello supondrá la crítica del innatismo, es decir, la negación de que existan "ideas" o contenidos mentales que no procedan de la experiencia. Cuando nacemos la mente es una "tabula rasa" en la que no hay nada impreso. Todos sus contenidos dependen, pues, de la experiencia. En el caso de Hume, como veremos a continuación, la experiencia está constituida por un conjunto de impresiones, cuya causa desconocemos y, estrictamente hablando, no debe identificarse con "el mundo", con "las cosas".
2.
Al igual que el racionalismo, el empirismo tomará como punto de partida de la reflexión filosófica el análisis de la conciencia; ante el fracaso de la filosofía antigua y de la filosofía medieval, que habían tomado como referencia el mundo y Dios, respectivamente, la filosofía moderna se caracteriza por tomar el sujeto como punto de partida de la reflexión filosófica. Así, del mismo modo que Descartes, una vez descubierto el "yo pienso", pasa a analizar el contenido del pensamiento, los empiristas comenzarán sus indagaciones analizando los contenidos de la conciencia.
EL ANÁLISIS DEL CONOCIMIENTO EN HUME
"He aquí, pues, que podemos dividir todas las percepciones de la mente en dos clases o especies, que se distinguen por sus distintos grados de fuerza o vivacidad. Las menos fuertes e intensas comúnmente son llamadas pensamientos o ideas; la otra especie carece de un nombre en nuestro idioma, como en la mayoría de los demás, según creo, porque solamente con fines filosóficos era necesario encuadrarlos bajo un término o denominación general. Concedámosnos, pues, a nosotros mismos un poco de libertad, y llamémoslas impresiones, empleando este término en una acepción un poco distinta de la usual. Con el término impresión, pues, quiero denotar nuestras percepciones más intensas: cuando oímos, o vemos, o sentimos, o amamos, u odiamos, o deseamos, o queremos." (Investigación, sec.2)
1.-Los elementos del conocimiento.
1.
Tanto en el Tratado como en la "Investigación sobre el entendimiento humano" Hume comienza la presentación de su filosofía con el análisis de los contenidos mentales. A diferencia de Descartes, para quien todos los contenidos mentales eran "ideas", Hume encuentra dos tipos distintos de contenidos: las impresiones y las ideas. La diferencia que existe entre ambas es simplemente la intensidad o vivacidad con que las percibimos, siendo las impresiones contenidos mentales más intensos y las ideas contenidos mentales menos intensos. Además, la relación que existe entre las impresiones y las ideas es la misma que la del original a la copia: "o, para expresarme en un lenguaje filosófico, todas nuestras ideas, o percepciones más endebles, son copias de nuestras impresiones o percepciones más intensas". Es decir, las ideas derivan de las impresiones; las impresiones son, pues, los elementos originarios del conocimiento; de esta relación entre las impresiones y las ideas extraerá Hume el criterio de verdad: una proposición será verdadera si las ideas que contiene corresponden a alguna impresión; y falsa sino hay tal correspondencia.
"Por tanto, si albergamos la sospecha de que un término filosófico se emplea sin significado o idea alguna (como ocurre con demasiada frecuencia), no tenemos más que preguntarnos de qué impresión se deriva la supuesta idea, y si es imposible asignarle una; esto serviría para confirmar nuestra sospecha".
2.
Las impresiones, por su parte, puede ser de dos tipos: de sensación, y de reflexión. Las impresiones de sensación, cuya causa es desconocida, las atribuimos a la acción de los sentidos, y son las que percibimos cuando decimos que vemos, oímos, sentimos, etc; las impresiones de reflexión son aquellas que van asociadas a la percepción de una idea, como cuando sentimos aversión ante la idea de frío, y casos similares. Además, las impresiones pueden clasificarse también como simples o complejas; una impresión simple sería la percepción de un color, por ejemplo; una impresión compleja, la percepción de una ciudad.
3.
Las ideas, a su vez, pueden clasificarse en simples y complejas. Las ideas simples son la copia de una impresión simple, como la idea de un color, por ejemplo. Las ideas complejas pueden ser la copia de impresiones complejas, como la idea de la ciudad, o pueden ser elaboradas por la mente a partir de otras ideas simples o complejas, mediante la operación de mezclarlas o combinarlas según las leyes que regulan su propio funcionamiento.
2.-Las leyes de la asociación de ideas.
"Es evidente que hay un principio de conexión entre los distintos pensamientos o ideas de la mente y que, al presentarse a la memoria o a la imaginación, unos introducen a otros con un cierto grado de orden y regularidad".
1.
La capacidad de la mente para combinar ideas parece ilimitada, nos dice Hume. Pero por poco que nos hayamos detenido a reflexionar sobre la forma en que se produce esta combinación de ideas podremos observar cómo "incluso en nuestras más locas y errantes fantasías, incluso en nuestros mismos sueños", esa asociación se produce siempre siguiendo determinadas leyes: la de semejanza, la de contigüidad en el tiempo o en el espacio, y la de causa o efecto.
2.
Cuando la mente se remonta de los objetos representados en una pintura al original, lo hace siguiendo la ley de semejanza. Si alguien menciona una habitación de un edificio difícilmente podremos evitar que nuestra mente se pregunte por, o se represente, las habitaciones contiguas; del mismo modo, el relato de un acontecimiento pasado nos llevará a preguntarnos por otros acontecimientos de la época; en ambos casos está actuando la ley de asociación por contigüidad: en el espacio, el primer caso; y en el tiempo, en el segundo caso. El caso de pensar en un accidente difícilmente podremos evitar que venga nuestra mente la pregunta por la causa, o por las consecuencias del mismo, actuando en este caso la ley de la causa y el efecto.
3.
Según Hume, pues, son estas tres leyes las únicas que permiten explicar la asociación de ideas, de tal modo que todas las creaciones de la imaginación, por delirantes que puedan parecernos, y las sencillas o profundas elaboraciones intelectuales, por razonables que sean, les están inevitablemente sometidas.
3.-Los tipos de conocimiento.
1.
En la sección cuarta de la "Investigación sobre el entendimiento humano", que lleva por título "dudas escépticas acerca de las operaciones del entendimiento" se plantea Hume la cuestión de determinar cuáles son las formas posibles de conocimiento. Siguiendo la distinción que había hecho Leibniz entre verdades de razón y verdades de hecho, Hume nos dirá que todos los objetos de la razón e investigación humana puede dividirse en dos grupos: relaciones de ideas y cuestiones de hecho.
2.
Los objetos de la razón pertenecientes al primer grupo son "las ciencias de la Geometría, Álgebra y Aritmética y, en resumen, toda afirmación que sea intuitiva o demostrativamente cierta". La característica de estos objetos es que pueden ser conocidos independientemente de lo que exista "en cualquier parte del universo". Dependen exclusivamente de la actividad de la razón, ya que una proposición como "el cuadrado de la hipotenusa es igual al cuadrado de los dos lados de un triángulo rectángulo" expresa simplemente una determinada relación que existe entre los lados del triángulo, independientemente de que exista o no exista un triángulo en el mundo. De ahí que Hume afirme que las verdades demostradas por Euclides conservarán siempre su certeza. Las proposiciones de este tipo expresa simplemente relaciones entre ideas, de tal modo que el principio de contradicción sería la guía para determinar su verdad o falsedad.
3.
El segundo tipo de objetos de la razón, las cuestiones de hecho, no pueden ser investigadas de la misma manera, ya que lo contrario de un hecho es, en principio, siempre posible. No hay ninguna contradicción, dice Hume, en la proposición "el sol no saldrá mañana", ni es menos inteligible que la proposición "el sol saldrá mañana". No podríamos demostrar su falsedad recurriendo al principio de contradicción. ¿A qué debemos recurrir, pues, para determinar si una cuestión de hecho es verdadera o falsa? Todas los razonamientos sobre cuestiones de hechos parece estar fundados, nos dice, en la relación de causa y efecto.
4.
Si estamos convencidos de que un hecho ha de producirse de una determinada manera, es porque la experiencia nos lo ha presentado siempre asociado a otro hecho que le precede o que le sigue, como su causa o efecto. Si oímos una voz en la oscuridad, estamos seguros de la presencia de una persona: no porque hayamos alcanzado tal seguridad mediante un razonamiento a priori, sino que "surge enteramente de la experiencia, cuando encontramos que objetos particulares cualesquiera están constantemente unidos entre sí". Las causas y efectos, por lo tanto, no puede ser descubiertas por la razón, sino sólo por experiencia.
5.
Podemos hablar, pues, de dos tipos de conocimiento en Hume: el conocimiento de relaciones de ideas y el conocimiento de hechos. En el primer caso el conocimiento depende de las operaciones de entendimiento reguladas por el principio de contradicción; en el segundo caso las operaciones del entendimiento están reguladas necesariamente por la experiencia, ya que al depender de la ley de asociación de la causa y el efecto, siendo una distinta del otro, no hay razonamiento a priori posible que nos permita deducir una a partir del otro, y viceversa:
"Cuando razonamos a priori y consideramos meramente un objeto o causa, tal como aparece a la mente, independientemente de cualquier observación, nunca puede sugerirnos la noción de un objeto distinto, como lo es su efecto, ni mucho menos mostrarnos una conexión inseparable e inviolable entre ellos. Un hombre ha de ser muy sagaz para descubrir mediante razonamiento, que el cristal es el efecto del calor, y el hielo del frío, sin conocer previamente la conexión entre estos estados".
6.
Por lo general, se tiende a pensar que el empirismo supone la aceptación de la existencia de objetos externos al sujeto, "las cosas", que son la causa de todas mis impresiones y, por lo tanto, de todos mis conocimientos. Esta interpretación del empirismo puede ser aceptada, siguiendo a Hume, siempre que se tenga en cuenta que ello significa una concesión al "sentido común", una "creencia razonable", pero que no se puede demostrar que los supuestos objetos externos sean la causa de mis impresiones.
7.
El conocimiento de hechos se funda en la experiencia, pero ¿en qué se funda la experiencia?¿hay alguna forma de justificar la regularidad que suponemos en la experiencia, sin caer en una petición de principio?. Son esas las dudas escépticas a que se refiere el título de la sección IV, que se verán ampliadas y reforzadas por la crítica de la idea de conexión necesaria entre la causa y el efecto que nos ofrecerá Hume en la sección VII de la Investigación.
OPCIÓN 2
LAS IDEAS, SU ORIGEN Y SUS RELACIONES
Hume va a tratar el problema del conocimiento en dos de sus obras, que son El Tratado sobre la naturaleza humana y Las investigaciones sobre el entendimiento humano.
El punto de partida de la Teoría del Conocimiento es cuestionar toda la Metafísica que había caracterizado al Racionalismo, descartando las ideas innatas. El punto de partida del Empirismo de Hume, Locke, Berkeley, es afirmar que todas las ideas provienen de la experiencia y no se puede ir más allá de ésta.
La experiencia inmediata va a ser denominada por Hume con el término percepción. Las percepciones, según Hume, son de dos tipos:
IMPRESIONES: Son datos, inmediatez de la experiencia.
IDEAS: Son copias debilitadas de las impresiones.
Hume va a utilizar su concepto de percepción para cuestionar la validez de todos los principios de la Metafísica.
Para Hume sólo tienen validez las ideas que copian impresiones. Todas aquellas ideas de la Metafísica, como Dios, Mundo o YO no tienen sentido, validez, porque no se basan en ninguna impresión sensible. Hume va a utilizar, por tanto, el Principio de Copia como criterio de validez del conocimiento. Como veremos, este criterio le va a llevar al Escepticismo absoluto. Todos nuestros conocimientos se basan en hábitos, en la costumbre, y no resisten la prueba del Criterio de Copia.
Hume va a diferenciar también entre Impresiones e Ideas simples y complejas. Las simples no admiten distinción ni separación. Las complejas, sin embargo, son divisibles en partes, de tal forma que una idea simple es copia de una impresión simple, y una idea compleja, si es válida, debe ser copia de una impresión compleja. Sin embargo, el dinamismo asociativo de la imaginación crea, según Hume, ideas complejas que no tienen su origen en impresiones. Sería la explicación de los conceptos de la Metafísica. La relación entre impresiones e ideas, según Hume, es la siguiente: las impresiones no son siempre de sensación, también hay impresiones de reflexión. Las impresiones de sensación darán lugar a ideas de sensación. Éstas, a su vez, generan impresiones de reflexión, que serán copiadas, convirtiéndose en ideas de reflexión.
Hume utiliza el Principio de Copia en contra de la Metafísica Abstracta (Racionalismo). El Principio de Copia es el fin de las ideas innatas, toda idea proviene de una impresión, pero las impresiones de sensación provienen de causas desconocidas, no tienen, según Hume, su origen en la realidad, como cabría imaginar. A esto se le va a llamar Inmanentismo o Escepticismo de Hume, no sabemos cuál es el origen de las impresiones.
Las impresiones dejan encerrado el conocimiento en el problema del YO: no se puede ir más allá del conocimiento encerrado en la mente. Los anteriores Empiristas, como Locke, afirmaban que el origen de nuestras percepciones sería la realidad externa, aunque no podríamos llegar a conocerla tal cual es. Hume va a ir más allá, no tiene sentido preguntarnos por la causa de nuestras impresiones (va a criticar cualquier tipo de conexión necesaria entre causa y efecto).
Hay que tener en cuenta que, en Hume, la palabra Experiencia significa hábito o costumbre. Como veremos, todos los conocimientos del mundo físico, según Hume, son creencias basadas en la costumbre.
El estatuto lógico del Principio de Copia es el de una regla de procedimiento, un instrumento para llevar los conceptos hacia su fuente en la experiencia. El objetivo del Principio de Copia es investigar los términos sospechosos de la Metafísica. Esta función crítica prevalecerá sobre la función constructiva.
ASOCIACIÓN DE IDEAS
Las ideas, como hemos visto, pueden ser simples o complejas. Las ideas complejas son fruto de la combinación de las ideas simples realizada por imaginación. Mientras que la memoria conserva las ideas en el mismo orden y posición en que se nos presentan, la imaginación asocia las ideas combinando ideas simples y complejas con libertad. Esta libertad está, sin embargo, limitada por los principios de asociación de las ideas:
PRINCIPIO DE SEMEJANZA: por el que la imaginación asocia ideas parecidas.
PRINCIPIO DE CONTIGÜIDAD: por el que la imaginación asocia ideas que se nos han presentado con proximidad en el espacio y en el tiempo. Este principio opera en la relación causa - efecto.
PRINCIPIO DE OPOSICIÓN: por el que la imaginación asocia ideas que se contraponen.
Las ideas de la memoria y de la imaginación también se diferencian por su vivacidad. Las ideas de la memoria son más fuertes que las de la imaginación. Mientras que la facultad racional que explica toda la dinámica del conocimiento en Descartes es la intuición, en Hume va a ser la imaginación o dinámica combinatoria, que explica nuestras ideas complejas. La imaginación, no obstante, no puede ser interpretada como el sujeto agente del conocimiento, porque eso sería ir más allá del límite de la experiencia; no podemos preguntarnos por el origen, por la causa de nuestros conocimientos más allá de las impresiones. Sin embargo, como hemos visto en Descartes, la razón, la intuición, sería la actividad propia de un sujeto sustancial.
La imaginación es el punto más débil del Empirismo de Hume. Es la explicación a la que recurre Hume para superar el Inmanentismo, una solución, no definitiva, porque, como hemos visto, se trata de una actividad sin un sujeto activo y que le dé significado.
ÁMBITOS Y NIVELES DEL CONOCIMIENTO. RELACIONES DE IDEAS Y CUESTIONES DE HECHO
Hume va a diferenciar dos tipos de conocimiento: las relaciones entre ideas y las cuestiones de hecho:
RELACIONES ENTRE IDEAS: Es el conocimiento propio de la Matemática y la Lógica, que se basa en la experiencia, por lo que es a priori, y que es eterno e inmutable. No obstante, las relaciones de ideas tienen el problema de que no permiten que el conocimiento siga progresando, por que se trata de conocimientos analíticos o verdades por definición.
CUESTIONES DE HECHO: Es el conocimiento propio de la Física. Este conocimiento es a posteriori y se basa en la experiencia sensible; permite descubrir nuevas parcelas de la realidad. No se basa en definiciones, es sintético. El problema de este tipo de conocimiento es que, para Hume, tiene muy poca validez, se trata sólo de creencias basadas en el hábito, en la costumbre, y en asociaciones causales, que, a fuerza de repetirse, tomamos por necesarias. Las cuestiones de hecho tienen sólo una validez probabilística. Kant va a proponer que la Física no es sólo una creencia, porque utiliza juicios a priori, como las relaciones entre ideas que, sin embargo, nos describen la realidad, son síntesis, como lo eran las cuestiones de hecho.
CRÍTICA A LA CAUSALIDAD
La conexión causal es nuestra vía ordinaria de acceso a los hechos, de acceso a la realidad: pensamos que nuestras impresiones tienen que tener una causa. Hume, criticando la conexión causal, va a cuestionar nuestro conocimiento de las cuestiones de hecho.
En la relación causal, Hume buscará el análisis crítico de la idea de causa, es decir, si esta idea se corresponde con impresiones de sensación. Hume afirma que en la idea de causa intervienen tres tipos de impresión:
La impresión de contigüidad, entre la causa y el efecto,
La impresión de sucesión, primero la causa y después el efecto,
Pero la impresión de conexión necesaria entre la causa y el efecto no existe; es la costumbre la que engendra la creencia probable de que el curso de la naturaleza siempre va a seguir igual y que, por tanto, las causas de los fenómenos físicos tienen una conexión necesaria con sus efectos.
Hume intenta explicar cómo, si no hay impresiones de conexión necesaria, podemos llegar a esta idea. Afirma que esta idea no se basa en impresiones de sensación, sino en una impresión de reflexión.
Por tanto, la idea de conexión necesaria tiene su origen en el dinamismo asociativo de la imaginación, que siguiendo la Ley de Contigüidad asocia dos impresiones, llamando a la primera Causa y a la segunda Efecto. La costumbre nos llevará a pensar que siempre que se dé la primera de estas impresiones se dará también la segunda.
Esta crítica a la causalidad le llevó a Hume a cerrar cualquier puerta de acceso a la realidad. El conocimiento quedará encerrado en la inmanencia del Yo que, como veremos, será también cuestionada.
LA CREENCIA
Las creencias, como hemos visto, son el nivel del conocimiento propio de las cuestiones de hecho, basadas en inferencias causales, que nos llevan a aceptar la existencia de un mundo exterior. Las creencias son ideas de reflexión con la fuerza y vitalidad de las impresiones. Esto se debe, según Hume, a que las impresiones presentes avivan estas ideas de reflexión, provocando el asentimiento subjetivo de la creencia.
Por tanto, se da una relación de asociación entre impresiones de sensación actuales y las ideas de reflexión sobre la existencia de cuerpos exteriores a la mente. Hume ha criticado de esta manera el concepto de sustancia extensa: no existen los cuerpos como origen de nuestras impresiones. La existencia de los cuerpos es meramente una creencia.
No obstante, este escepticismo de Hume no es absoluto para él. Las creencias no son meras ficciones, tienen validez pragmática, es decir, nos resultan útiles, y las posibilidades de desenvolvernos en el mundo se fundamentan en este tipo de creencias que, por tanto, tienen un alto valor cognoscitivo.
LA IDENTIDAD PERSONAL
Hume va a criticar también la sustancia espiritual o sustancia pensante. Como vimos, para Descartes, el ser humano era la suma de la res cogitans o sustancia espiritual y la sustancia extensa o materia. Como res extensa, el ser humano sería únicamente materia sometida a leyes mecánicas, que controlarían su comportamiento. No obstante, Descartes cree también en el alma, que está unida al cuerpo por la glándula pinial. Hume va a negar también la sustancia pensante, va a rechazar las tesis de otros filósofos sobre la identidad del Yo, utilizando dos argumentos:
No hay conocimiento de nosotros mismos.
La idea de un Yo unitario es incompatible con el principio atomista de las percepciones: somos solamente nuestras impresiones.
Para Hume, el Yo es sólo un haz de percepciones fluyentes. El Yo sería sólo el teatro, el escenario en el que se suceden nuestras percepciones. Hume intenta explicar cómo atribuimos normalmente identidad al Yo. Se debe a una confusión propiciada por el dinamismo asociativo de la imaginación, que tiende a asociar nuestras percepciones, dándoles por costumbre una identidad estable.
Hume, al igual que ha negado la sustancia extensa desde la crítica a la causalidad, ha negado también la sustancia pensante, que se debe también a la confusa idea de causa de nuestras impresiones.
OPCIÓN 3
En primer lugar, el contraste a realizar será en base a los conceptos de entendimiento, imaginación e ideas. Descartes en sus Meditaciones Metafísicas, asegura entre tantos otros planteamientos, que las ideas pueden ser clasificadas en tres tipos. Por una parte aquellas nacidas conmigo (ideas innatas), luego las extrañas o foráneas a mí (ideas adventicias) y por último las creadas por mí (ideas ficticias), cuyas concepciones lo llevan a proponer ideas innatas en el sujeto. Una realidad objetiva de las ideas, como Dios por ejemplo, no está en nosotros mismos y no es producto de aquellas imágenes o ideas ajenas a nuestro espíritu, concluyendo que no estamos solos en el mundo. Es así como prueba la existencia de Dios como un ser inmutable, eterno y omnipresente. No existimos sin Dios según Descartes, pues si nosotros mismos nos hubiésemos creado, carencia humana alguna seria inexistente transformándonos automáticamente en Dios. La concepción de la idea de Dios no es capaz de ser producida por nosotros mismos por dos razones: En primer lugar por ser una idea objetiva más allá de las limitaciones humanas y en segundo lugar por la nula capacidad de aumentar o disminuir dicha posibilidad, es decir, la idea de Dios. La mirada metafísica y dubitativa respecto a los paradigmas filosóficos contemporáneos a Descartes concluyen que el entendimiento de una idea no es igual a la imaginación de ella, pues el primero es la inspección del espíritu mismo y los cuerpos, siendo la imaginación producto del engaño de los sentidos (Genio Maligno), es decir, el mundo de las ideas tiene estricta relación con el alma y que más tarde Hume derribará con la inexitestencia de ella desde su rincón histórico.
Hume distintamente a Descartes en primera instancia define como concepto anterior a idea, el de impresión, como vivencias de presentaciones actuales, lo que oímos, sentimos, deseamos, etc. Dicho concepto nos llevará al de idea como la representación de una impresión o sensación anterior y aquella impresión es necesariamente coetánea a la existencia, es decir, debe ser actual. Es así como cada idea debe proceder necesariamente de una impresión. Sentir o desear es igual a impresión, impresión, a su vez, es igual a idea, impresión es, a su vez, igual a realidad, careciendo de realidad o existencia lo que no siguiese este cauce natural; existiendo aquí una de las tantas divergencias entre ambas exposiciones filosóficas. Si no existe impresiones que fundamente una idea determinada el concepto, para Hume, se define como ficticio, es decir imaginación para Descartes aunque claramente es utilizado con matices muy distintos, opuestos. El yo por otro lado es una idea ficticia únicamente en lo errático de atribuir al conjunto de impresiones e ideas del mí el nombre del yo, es decir, soy un conjunto de vivencias, impresiones e ideas y que se definen como mías sin embargo aquello no distingue al yo. La causalidad es algo similar dentro de los modelos de Hume definiéndola como asociaciones de ideas que se acoplan cuando son similares, en términos aún más simples surge una idea y luego otra que la acompaña por sucesión. Tengo la impresión X, luego la impresión Y pero no existe impresión alguna que las conecte, es decir, X no produce impulso que genere Y. Hume critica el precepto de ideas innatas en donde el hombre sería semejante a un papel en blanco cuyo contenido se llena con las impresiones. En momentos de mayor aflicción se recurre a la creencia, opuesto a lo que transmitía la metafísica de Descartes sobre la existencia de Dios. No existo yo, no existe dios, solo vivencias, impresiones e ideas llegando al apogeo en si del contraste buscado.
Otro concepto polémico es de substancia. La res extensa (cosa) o la substancia en la filosofía cartesiana se define como lo correcto existente y como forma completa debido a la no necesidad de factores ajenos a si misma para existir, como por ejemplo la concepción de un cuadrado (no necesita de otros factores para definirse a si mismo siendo como concepto la idea algo completo). Por otra parte Dios sería en este caso una substancia infinita puesto que los demás seres necesitan de Él convirtiéndonos en su extensión. Las bestias junto a los sujetos serían substancias finitas que no necesitan de nada más para existir, salvo Dios. El alma es pensamiento, entendimiento y el cuerpo es extensión correspondiéndole a cada substancia un atributo, una esencia, lo que las distingue clara y distintamente. El dualismo en la filosofía cartesiana es sin duda alguna una fuerte característica. El alma y el cuerpo no se necesitan mutuamente para existir como substancias. Aquí Hume despedaza el concepto fundamental en la teoría metafísica cartesiana (substancia) expresando en sus planteamientos que la substancia no posee impresión alguna, por ende no hay idea. Sino un término carente de significación. La substancia es solo un conjunto de percepciones particulares producto de la costumbre. El concepto de costumbre para Hume es crucial en el desarrollo de su filosofía siendo ésta la guía en la vida humana que indica la creencia de la repetición de algún acontecimiento pasado. El hábito y la costumbre generan como producto la creencia, siendo éstos los guías en el camino de la existencia basando la seguridad del futuro en estos criterios.
He aquí dos iconos filosóficos que se sitúan en contextos históricos diferentes. Por un lado el empirismo inglés rechazaba el racionalismo y colocaba como fundamento la especulación. Durante la época cartesiana ciertos paradigmas se derribaban como el modelo geocéntrico y en el caso de Hume el modelo de newton era una ciencia empírica aceptada. El siglo XVII fue marcado por la dominación del materialismo sobre el espiritualismo. Durante el mismo siglo en Francia nace el racionalismo, encarnado por Descartes, que se difunde por todo Europa basado en que el punto de partida no eran los sentidos sino el espíritu humano. Más tarde el empirismo inglés, como se ha expresado anteriormente, se opone a la metafísica francesa. Descartes instala el racionalismo, la autonomía de la razón, en Europa continental. Luego el empirismo se extiende por Europa durante los siglos XVII y XVIII en donde Hume recibió la fuerte influencia de la ciencia newtoniana y de la aplicación experimental al estudio de la naturaleza humana, lo que sin duda alguna genera como producto el gran contraste entre una visión filosófica y otra. Descartes es el creador de un método científico deductivo, con fundamentos metafísicos durante la época moderna mientras que Hume lleva al empirismo a sus últimas consecuencias cuyo escepticismo se opone al racionalismo y el poder de la razón reconociendo los límites de ésta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario